A esta altura de su carrera literaria, Haruki Murakami puede provocar amores y odios, pero nunca pasa inadvertido. La constante mezcla entre el mundo real y el mundo onírico se fusiona en todas sus obras. Los miles de seguidores que cosecha en todo el mundo ya conocen esa suerte de simbiosis que genera el autor japonés en los escenarios en los que se mueven sus personajes. Baila, baila, baila se publicó por primera vez en 1988, pero ahora llegó la edición en español. En este trabajo, Murakami refuerza su capacidad para transmitir sensaciones perturbadoras con una calidad narrativa que es característica en su peculiar estilo de escritura. El autor introduce al lector en un escenario siniestro y cargado de intrigas, donde se conjugan la soledad de los personajes y lo arbitrario de sus movimientos.

La música es una pieza clave en los textos de Murakami; en este caso, centrada en los años 80, resuena todo el tiempo, mientras van apareciendo los personajes que se entrecruzan, aunque en ciertos momentos no se distingue la realidad de la fantasía. Murakami divaga y atrapa al lector con el fluir de las palabras y el encuentro de los personajes en escenas de la vida cotidiana.

El autor insiste en la construcción de personajes extraños, excéntricos, solitarios, nostálgicos, que se mueven en dos mundos paralelos, pero entrelazados. El protagonista (a quien no se nombra en toda la obra) es un reportero freelance, divorciado, solitario, aburrido, de mediana edad, que busca los recuerdos de años pasados en un hotel, donde vivió años atrás una aventura con una prostituta de lujo (Kiki), pero en el Hotel Delfín todo ha cambiado.

El hombre carnero, un personaje de su obra anterior La caza del carnero salvaje; Kiki, la mujer de las orejas perfectas; "Yuki", una adolescente dotada de una aguda sensibilidad, y "Gotanda", un antiguo amigo del protagonista, conforman la delgada línea que lo separa del mundo irreal, violento y oscuro. El protagonista debe unir los hilos de cada historia para descubrir cuál es su función. Repleta de música de los 80, esta obra avanza con finas pinceladas de premoniciones, psicología y parapsicología, como corresponde al universo murakamiano.

Esta novela tal vez no sea la más indicada para debutar en la lectura del autor japonés. Sin embargo, la celebran los fanáticos de su literatura, siempre rodeada por un halo de misterio, muerte y destrucción. Confluyen, así, luces y sombras en un mundo de enigmas donde hay una delgada cordura que el protagonista va descubriendo a poco de haber traspasado la puerta de entrada del renovado Hotel Delfín. Una obra que pone de manifiesto la intensidad emocional, la fuerza narrativa y la esencia intelectual del autor japonés con más seguidores de las últimas décadas. © LA GACETA

Miguel Velardez